El acto de reconciliación con esta figura histórica de la cultura latinoamericana (o afrolatinoamericana, según diría su amigo Jorge Amado) tuvo lugar en el Palacio de Itamaraty, en una ceremonia donde la cantante Miúcha interpretó algunas de sus creaciones más famosas, y tanto la hija del poeta, Georgiana Moraes, y su nieta, Mariana, leyeron sus recordadas rimas. Marcus Vinicius da Cruz de Melo Moraes (Río de Janeiro, 1913-1980), fue compositor, músico, poeta, cronista, dramaturgo, abogado y diplomático. Su carrera en el mundo consular comenzó en 1942 y terminó en 1969, cuando el Acta Institucional Nº 5 adelantó su jubilación sin mediar ningún trámite. Durante la ceremonia, el presidente Lula da Silva calificó de aberración la expulsión del músico del cuerpo diplomático, por orden en ese entonces de la dictadura militar. Pero "Vinicius era un ser superior que, expulsado, continuó creciendo", advirtió el mandatario. Su obra artística, en cambio, no ha requerido nunca de reparaciones (esta es la tercera rehabilitación póstuma política); más bien, de exaltaciones continuas. Su primera obra literaria fue un libro de poemas titulado O Caminho para a Distancia, al que sumaría 14 libros más, destacando Para Vivir un Gran Amor, donde combinaba crónica y poesía. Su dramaturgia alcanzó su punto más alto con Orfeu da Conceicao, que inspiró el popular filme Orfeo Negro. Su obra musical es enorme, dividida en varias etapas, pues siempre compuso a cuatro manos junto a Baden Powell, Carlos Lyra, Toquinho y otros, pero en especial junto a su parceiro Antonio Carlos Jobim. Bastan algunos títulos para medir la magnitud de su creación: Agua de Beber, Chega de Saudade, Insensatez, So Danço Samba, Berimbau, Canto de Ossanha, Como Dizia a Poeta, Deixa Acontecer, Tarde en Itapuá, A Tonga da Mironga do Kabuleté o Samba de Orly. Pero su composición monumental fue Garota de Ipanema, compuesta en un modesto bar esquinero camino de la playa, tras ver pasar por allí a una chica despampanante llamada Heloísa Pinheiro. Inicialmente iba a llamarse Menina que Passa, con una letra centrada en el cansancio de la jornada laboral, pero Jobim y de Moraes la reescribieron exaltando la belleza tropical: "Olha que coisa mais linda, mais cheia de graça. É ela a menina que vem e que passa. Num doce balanço caminho do mar". Y nació el mito.