Escucha/descarga el podcast del programa The Insider, 18 de noviembre: No me chilles que no te veo
Cuando escribo esto hace ya dos días que Apple anunció a bombo y platillo la incorporación de la discografía de los Beatles a los catálogos online de iTunes de diversos países. No es una noticia sorpresa porque es conocida ya la fijación de Steve Jobs por el cuarteto de Liverpool y son muchas las ocasiones en los últimos años en que se ha especulado con el lanzamiento digital de su discografía. El problema, tal y como ya detallaremos la próxima semana en The Insider 2.0, es que esto ocurre demasiado tarde. Es posible que a estas horas (y creo no equivocarme) The Beatles estén en el top chart de ventas de itunes.
No obstante aprovecho la ocasión para lanzar un mensaje al aire. Ya es sabido por nuestros seguidores que somos defensores incansables de los formatos de audio de calidad, ya sean digitales o analógicos (servidor fue uno de los crédulos e inocentes consumidores que celebraron en su momento las excelencias del SACD y el DVD-audio, formatos de alta fidelidad que también llegaron tarde y a precios imposibles, quedando relegados en tan sólo cinco años al restringido y limitado mercado audiófilo). Y aunque la mayoría de colaboradores de este programa disponemos de ipod no nos cansaremos de criticar las evidentes limitaciones del mp3 y similares. Desde el punto de vista estrictamente sonoro me parece el peor formato en décadas, es la causa en gran medida del desprecio de toda una generación por los soportes físicos. Y de la creciente incapacidad de muchos para apreciar y valorar la riqueza de matices, la definición sonora y la infinidad de registros posibles de instrumentos y voces.
Han sido necesarias muchas décadas de investigación y esfuerzo para alcanzar el sobresaliente nivel de fidelidad que ahora es posible en la grabación de obras musicales. Pero de nada sirve la tecnología y el talento de músicos, ingenieros y productores si después de cuidar al milímetro cada detalle, el producto final que le llega al oyente no alcanza ni un tercio de la definición obtenida en el estudio. No es que el CD sea la panacea (“no tiene estatura sonora” dijo Bob Dylan hace un par de años) pero si no se abusa de los niveles en la masterización final sigue siendo un formato cómodo y muy digno.
Del maltrato indiscriminado al que es sometida la música hoy en día también son responsables en parte discográficas, distribuidoras y sociedades de gestión de derechos. El precio que hemos pagado por los formatos físicos (y que pagamos todavía muchos) es sencillamente abusivo en la mayoría de los casos. Y aunque es posible adquirir CD’s y DVD’s con importantes descuentos y ofertas desde hace unos pocos años en algunas tiendas, este argumento de venta (el mejor de todos, claro) ha llegado demasiado tarde. Para una gran mayoría de consumidores los precios medios de las novedades discográficas sigue siendo elevado en nuestro país, y va a ser muy difícil convencer a la mayoría de nuevos y jóvenes oyentes de que tienen que pasar por caja para disfrutar de la música que les gusta (sea online o no).
Si ha todo lo anterior le añadimos la escasez de medios especializados, el limitado número de preescriptores en los grandes medios (o su total ausencia), la precaria situación en la que se encuentran la mayoría de periodistas musicales y el desprecio sistemático de los programadores y responsables de contenidos de las cadenas de radio y televisón nacionales de todo aquello que no figure en la listas de objetivos de las “grandes” (hasta ahora) discográficas, el resultado es terrorífico. El desinterés de una gran mayoría de posible consumidores en nuestro país a la hora de invertir un sólo céntimo de euro en la música grabada va a ser dificilmente remediable.
Añadamos dos datos más que no facilitan las cosas para los que todavía apostamos por la música de pago. Es muy difícil conseguir álbumes online con formatos digitales de calidad, y lo peor de todo (y aquí entran en juego las sociedades de gestión de derechos): si queremos disfrutar del suculento catálogo de las tiendas iTunes de Estados Unidos o Francia nos daremos con un canto en los dientes a no ser que dispongamos de una cuenta corriente y una tarjeta asociada en esos países. Restricciones “legales” nos impiden la compra online de mp3 en tiendas como Amazon o el FNAC francés. Esto es como ponerle puertas al campo.
Volviendo al principio de esta triste (y enconada) reflexión de hoy, tomad nota de los siguiente: Un álbum en calidad paupérrima de los Beatles (formato AAC) cuesta en iTunes 13 euros (se incluye un minidocumental promocional como extra). En las tiendas el precio del mismo CD (el de las ediciones remasterizadas hace ahora un año) cuesta de media unos 18 euros, alrededor de 14 en alguna conocida cadena de tiendas. A fecha de hoy el mismo CD es posible comprarlo en Estados Unidos por 5,6 euros al cambio. Ejem.
Para endulzarnos un poco el día os presentamos el clip oficial de “Go To The River”, uno de los temas del nuevo álbum de Yael Naim, She Was a Baby (Wagram, 2010). Hoy estrenamos el disco en primicia en nuestro programa. Precisamente (y hablando del tema antes) Yael Naim tuvo un gran éxito en 2008 con el tema “New Soul” al ser utilizado por Apple para la campaña de promoción de su nuevo Mac Book Air











